EL PODER DE LA TRANSPARENCIA COMO VALOR

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He observado con curiosidad que en las oficinas, bancos y empresas donde las divisiones de áreas son hechas de cristal o algún otro material transparente; las personas suelen moderar aún más su conducta, su postura y su accionar.

Lo propio sucede en los lugares y espacios vigilados bajo sistema de videocámaras, los individuos nos sentimos compelidos a mostrar una conducta de altura y nivel incuestionables.

El mejor vigilante de nuestros actos debe ser nuestra propia conciencia, el santo temor a Dios y el respeto y consideración a nuestros semejantes; hacer las cosas bien, aun cuando nadie nos esté mirando.

Quienes deciden asumir el quehacer político como filosofía de vida, y deciden optar por ostentar alguna posición o cargo público; están obligados a mostrarse transparentes, sin simulaciones, sin hipocresía, sin doble moral ni demagogia.

Para ello es preciso, la integración, involucramiento y participación de la ciudadanía, quienes mediante el empoderamiento absoluto, se conviertan en guardianes celosos del bien público en sentido general, juzgando y dando seguimiento en todo momento a cada paso de los funcionarios y autoridades todas, haciendo usos efectivos de los espacios y medios de participación que los mecanismos actuales, la modernidad y la tecnología nos provee.

Urgimos de autoridades y funcionarios apegados en todo momento a la ética, a las leyes, a las buenas costumbres. Cuando se tiene claro y definido un norte, apegado a un firme y noble ideal, arraigado a innegociables principios y valores; no hay espacio a ambages, vacilaciones ni bemoles.

Julio Tolentino

Arquitecto, Militante Político, Aspirante a Regidor La Romana.







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